Con la llegada del calor, hay una pregunta que aparece cada año en cafeterías y redes sociales: ¿un cold brew es simplemente un café con hielo? La respuesta corta es no. La larga es bastante más interesante.
¿Qué es un Cold Brew y cómo se hace?
El cold brew es una bebida obtenida mediante una extracción en frío. En lugar de utilizar agua caliente, el café molido se infusiona en agua fría durante un periodo prolongado, normalmente entre 12 y 24 horas.
Este proceso extrae compuestos diferentes a los que obtenemos con métodos calientes. Al trabajar a baja temperatura, se reducen la extracción de ciertos ácidos orgánicos y compuestos amargos, dando como resultado una taza más dulce, suave y con menos sensación de acidez.
La receta puede variar, pero suele utilizarse una molienda gruesa y una proporción más concentrada de café y agua.
¿Y qué es un café con hielo?
Aquí hablamos de un café preparado de forma tradicional, espresso, moka italiana, filtro o cualquier otro método caliente, que posteriormente se enfría con hielo.
La diferencia fundamental está en la química de la extracción. El agua caliente disuelve con mucha mayor rapidez ácidos, azúcares, aceites y compuestos aromáticos volátiles. Por eso un espresso servido sobre hielo mantiene una intensidad aromática y una complejidad que difícilmente encontraremos en un cold brew.
Sin embargo, el hielo también provoca una dilución progresiva y una rápida caída de temperatura que modifica nuestra percepción sensorial. Algunas notas aromáticas se atenúan y la sensación de amargor puede volverse más evidente dependiendo del café y la receta.
En resumen: el cold brew nace frío; el café con hielo nace caliente y después se enfría. Y eso cambia completamente el resultado en taza.
El mito de la cafeína en las bebidas frías
Uno de los mitos más extendidos es que el cold brew siempre tiene más cafeína.
La realidad es que depende de la receta.
Si hablamos de concentración, muchos cold brews comerciales contienen más cafeína por mililitro porque se elaboran como concentrados. Sin embargo, una vez diluidos, la diferencia puede ser mucho menor de lo que se piensa.
¿Y cuál tiene un efecto más prolongado? Ninguno. La cafeína es la misma molécula independientemente de la temperatura de la bebida. Lo que puede cambiar es la velocidad con la que consumimos la bebida. Un espresso suele beberse en segundos; un cold brew puede acompañarnos durante media mañana.
Las tendencias que dominan las cafeterías actuales
- Nitro Cold Brew. Cold brew infusionado con nitrógeno. El resultado es una textura cremosa, una sensación sedosa en boca y una espuma natural sin añadir leche. Visualmente es espectacular y sigue siendo uno de los grandes reclamos en cafeterías de especialidad.
- Espresso Tonic. Probablemente el rey de los cafés veraniegos. La combinación de espresso y agua tónica genera un contraste muy interesante entre dulzor, amargor y efervescencia. Bien ejecutado puede resaltar notas cítricas y florales de algunos cafés.
- Cold Foam. La espuma fría ha llegado para quedarse. Se trata de una capa aireada de leche o bebida vegetal colocada sobre cafés fríos. Aporta textura y una experiencia más golosa sin necesidad de convertir la bebida en un postre líquido.
Herramientas esenciales para prepararlo en casa
- Hario Mizudashi. Probablemente una de las cafeteras para cold brew más populares. Sencilla, económica y muy fácil de limpiar. Ideal para quien quiere iniciarse sin complicaciones.
- Bodum Bean Cold Brew. Una alternativa práctica que incorpora sistema de filtrado integrado. Muy cómoda para preparar lotes grandes y almacenarlos en frigorífico.
- HyperChiller. Aquí jugamos en otra liga. No prepara cold brew, pero permite enfriar rápidamente un café caliente sin una dilución excesiva. Una solución interesante para quienes prefieren conservar el perfil aromático de una extracción tradicional.
Sostenibilidad: cuando el poso aún tiene mucho que decir
Si preparas cold brew habitualmente, habrás notado la cantidad de café utilizado. Y aquí llega una buena noticia: el poso todavía puede tener una segunda vida.
Puede utilizarse como abono para determinadas plantas, como exfoliante corporal casero o incluso en aplicaciones cosméticas. Aunque reconozco que cuando escuché lo de la cosmética pensé: «perfecto, ahora además de catar café también tengo que hacerme una mascarilla».
Personalmente, donde veo más potencial es en la cocina. El café usado todavía conserva compuestos aromáticos y puede incorporarse a galletas, brownies, bizcochos, masas especiadas o incluso mezclas para barbacoas y marinados.
Porque si algo nos enseña el café de especialidad es que aprovechar mejor los recursos también forma parte de la calidad.
Y sobre todas esas aplicaciones culinarias hablaremos más a fondo en próximos artículos.